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[ÉRAMOS EL FUTURO] 

Aquí yace una ofrenda a todas nuestras muertes.

Un patio de juego para las sirenas, los judas y los soles. Un homenaje a las lunas que se nos hundieron, a las que alcanzamos, a las que aún aguardan y a las que son. Un canto a todas nuestras batallas y una esperancita a todos los caribes que con dolo y alegría, se quedaron incrustados para siempre en nuestros cuerpos.

El siguiente texto a publicarse en el dossier “Aproximaciones a la Literatura de Quintana Roo” del sexto número de la Revista TROPO es un homenaje escrito y compilado por mi gran amiga Andrea Macías Luna: mujer de ojos grandes, paladín de la palabra, maga y actual estudiante de literatura latinoamericana en la Universidad Autónoma de Yucatán. 

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8 de Mayo, 2014
Literatura de Quintana Roo
Andrea Macías Luna

Éramos el futuro

Digo entonces “ayer”
y el mundo ido
vuelve como las aguas
que regresan.

—Juan Domingo Argüelles

I.

L. Nancy comienza su día frente al espejo de baño sin reconocer a la mujer que la mira. Pasa los dedos por las olas plateadas de su cabello, mira sus hombros relajados, la brevedad de su cuello, su rostro recién lavado y moreno. Baja las manos hasta hundir con las yemas sus ojos y respira hondo. Pasan apenas un par de segundos y los vuelve a abrir por la premura de comenzar a hacer.

Se viste con una bata azul y unos pantalones de mezclilla. En la casa, nada se mueve y todo está en silencio, excepto por el sonido que componen los rayos del sol y algunos saltos en las ramas de los árboles. Ella no está sola, José María lee un libro de economía al que regresa cada vez que habla con su hermano por videollamada y discuten sobre los rezagos del banco mundial en Europa. Ambos hermanos son españoles, José María vive en México desde que conoció a Nancy hace más de 20 años.

Nancy enciende su ordenador y va a la cocina, José María ha dejado en un plato hondo fruta picada: papaya y plátano. Ella le pregunta proyectando su voz al cuarto donde él se encuentra: —José, ¿ya desayunaste?

—Sí —contesta—. Ven a besarme.

Ella recoge el plato, sale de la cocina y cruza un pasillo con fotos de niños y uno que otro cuadro con ilustraciones infantiles. Entra al cuarto donde está el hombre sentado en un sillón individual en el que se alarga la base de la letra L para reposar las piernas. Ella le pide la mano y le besa cerca de la muñeca, donde inicia del dedo pulgar. Él cabecea: —Me levanté a las cuatro para llamar a Gerónimo y me quedé leyendo.

—Entonces descansa —dice Nancy—.

—Pronto —contesta José, y regresa a meter las narices al libro.

Nancy regresa al comedor, donde se coloca sus anteojos redondos y mira la pantalla azul. Revisa su correo de forma ritual, si tiene mensajes va leyendo despacio, uno por uno y entre tanto revisa las noticias en el periódico.

Nancy vivió el boom del internet en su juventud. Desde entonces la tecnología había logrado avances a favor de las telecomunicaciones, también, había liberado el mercado de producción. Las máquinas y artefactos vienen en modelos para armar y desarmar, diseñados para recibir la intervención de aditamentos y mejoras a la medida de los usuarios. Ahora a ella le interesa más la sencillez y algunas veces, la emoción de punta la hace desear que simplemente las cosas no funcionen. Entonces, ¿qué harían? Hablar con el vecino, juntar agua de lluvia, comerse las hierbas de su jardín… Hacerlo no había estado lejos de su realidad en los últimos años, los desastres habían llegado para simplificarles la vida.

Justo había picado el hipervínculo en la pantalla azul que le mostraría las noticias locales para recordarlo. En la primera plana del periódico aparece la noticia de la semana: “Sindicato de trabajadores del Hotel Grand Tif firman acuerdos para reubicarse en la Riviera Maya”. La causa de todo aquel caos que había cambiado las cosas en Cancún, refería al Huracán Neville, que afectó la zona peninsular en el verano de 2052. Los efectos del desastre dejaron sumergidos 9 kilómetros de la zona hotelera por un par de años, y aunque se intentó rescatar, el suelo de la aguada no permitía el uso del sistema de drenaje, pero con ventaja se construyó un enorme puerto comercial que recibía principalmente embarcaciones sudamericanas y asiáticas. Los trabajadores de la antigua zona hotelera —sin trabajo e incomunicados temporalmente con los afluentes del sector turístico— se quedaron inconformes y solidarios, decididos a levantar lo que quedaba de la ciudad tras el desastre, en espera de una compensación.

Nancy lee las primeras líneas de la noticia pero regresa a su bandeja de entrada, donde la espera el correo de Yori Ek, un chico de cabello rojo encendido que tiene esta revista literaria llamada Derretido, en la que Nancy y José colaboran, a veces con crucigramas. En el videomensaje, Yori aparece sentado bajo una sombrilla en la calle.

“Hola Nancy, ¿qué tal va todo? Saludos a José. Me comunico contigo para invitarte a escribir en el homenaje a los cien años del nacimiento de Juan Domingo Argüelles, ya te había platicado. Ya tenemos fechas: esperamos recibir textos y artículos del diez al trece de septiembre, para revisar y mandar a imprimir el quince. ¿Cómo están tus tiempos? Si tienes oportunidad, espero tu respuesta. Lo que te pido es un texto muy sencillo en el que revises obra de Argüelles, recuerdo me comentaste tenías en casa sus textos. Si necesitas alguna obra en especial, no dudes en avisarme y te la intentamos conseguir. Otra cosa Nancy, no me has comentado nada sobre el poemario que te mandé, a mi no me gustó nada, pero la editorial me está obligando a publicar por publicar. No le tengo fe a lo que estoy escribiendo ahora y a veces me aburro de escribir. Un abrazo a ti y a José, escribe pronto”.

Yori le pedía que escribiera sobre Juan Domingo Argüelles, ella apenas se acordaba de aquel icónico personaje de las letras quintanarroenses; el mismo que esculpió un canon fundacional entorno a las figuras chetumaleñas de Antonio Leal y los hermanos Luis Miguel y Héctor Aguilar Camín, nacidos a mitad del siglo XX.

Estos poetas, ensayistas y escritores fueron reconocidos como los pilares que sostienen al elefante y para completarlo, podría incluirse a Argüelles con su antología de escritores del joven estado: Quintana Roo: una literatura sin pasado (1990).

Nancy apreciaba a Argüelles por su poesía y dedicación a las prácticas de la lectura y el fomento literario. Domingo Argüelles había escrito una decena de libros con la palabra “leer” en el título. ¿Leer o no leer? esa ya no era la cuestión, Argüelles validaba al lector, leyera o no. Cada uno recorre diversos caminos que por suerte se cruzan con algunas lecturas. Y ¿Qué leen los que no leen? pregunta Argüelles, apartando dos lectores posibles: “Es conocer la diferencia entre los lectores intelectuales y los lectores que leen lo que tienen a su alcance, dentro de su contexto social y económico”. En cuanto a su poesía, Nancy siempre la relacionó con la poesía metafísica de Octavio Paz, la coloquial de Jaime Sabines, y la colorida de Carlos Pellicer. Con el primero, el rito de fundación en la palabra, con el segundo, la sencillez y profundidad de la palabra, y en Pellicer, los paisajes y colores del mar.

Nancy va al estudio donde José duerme y canturrea en voz baja mientras esquiva el sillón. La colección de libros que alguna vez juntaron en la emergencia del diluvio cabía en dos canastas de plástico y una maleta que habían decidido no desempacar. La maleta de latón azul guardaba unos libros de edición casual y artesanal. Eran cartas con poemas, otros cuentos e ilustraciones. Estaba el casquete de una granada; la postal que mandó Alexis con una barca que anunciaba: “Te acordarás de mí”. Y estaba ahí también “El Estrafalario”, personaje de dos dimensiones en su habitación favorita: una caja viajera.

Cree estar segura de haber rescatado las copias de un poemario de Argüelles que en el título decía algo sobre agua y trueno, ¿o relámpago? Todas las aguas del relámpago (2004). Cuando Nancy encuentra el poemario, también hojea un cuadernillo que Andrés Mendoza del Valle había confeccionado especialmente para ella y que le había entregado hace muchos años, cuando ambos vivían en Mérida. Eran hojas engrapadas con la cubierta de un cartón que había sido la portada de un libro de oraciones religiosas. Al interior, en las hojas recicladas, Andrés había escrito un poema en máquina de escribir que decía: 

Amorexia

¿Te acuerdas Amorexia?

De aquellos años delusorios

En que creíamos que se podía pertenecer a algo

Y así lo hacíamos, tomábamos partido

Profesábamos cultos

Nos apropiábamos colores

Era hermoso el trance

El dogmático goce comunitario

No teníamos miedo porque representábamos algo

Nos gustaba mirarnos al espejo

Nuestro cabello tomó todas las formas

Apuntó a todas las direcciones

No me arrepiento de nada

Después creímos ser la diáspora

La ruptura del signo

La disidencia espiritual

Nos sumergimos en laberintos de palabras

Pasamos de pirujas a cirujas

Y también fueron años de lamentos

De una soledad con tintes de consigna

Casi como una manda placentera

La envidia de la simplicidad nos perseguía

A veces nos rasgaba los tobillos

Fuimos un escudo brillante y bello

Hecho de amor y de miedo

No me arrepiento de nada

Ahora somos una convergencia

Un punto de fuga

Somos más sabios y nos reímos menos

Pero es muy cariñosa esta tristeza

Este sopor plagado de recuerdos

De guerras y de fiestas

De problemas temporales y soluciones eternas

Ahora nos gustan más los trenes que las estrellas

Somos el manto incesante que teje el ahora

Somos la nada

Y éramos el futuro…

¿Te acuerdas Amorexia?

El poema era dedicado a Alexis Tortsov, quien vivió toda la vida un idilio con Andrés. En el cuadernillo, además de Amorexia, venían enunciados de escritura automática que respondían a los cantos del misal.

Nancy y Andrés se conocieron antes de cumplir los veinte años y la última vez que se vieron fue cuando murió Julia, pareja de Andrés durante los últimos años. Cuando quedó viudo, por así decirlo, Nancy lo invitó a hacer un viaje a Veracruz para visitar la costa donde nació. Buscaron juntos a su madrina, quien también se llamaba Nancy y a la que encontraron viva, casi por milagro.

II.

Mircea Eliade en Espacio sagrado y sacralización del mundo (1998) dice que el acto de la fundación repite el acto cosmogónico y recorre un tránsito de lo virtual y de lo amorfo a lo formal. En Merecimiento del alba (1987), Domingo Argüelles recrea el origen del mundo como muchos otros escritores sureños y peninsulares de mitad del s. XX, situando al recién concretado proyecto de Estado, como centro y principio del mundo.

En Quintana Roo, una literatura sin pasado (1990), Argüelles posee claro conocimiento sobre la historia de Quintana Roo, antes de su incorporación como estado de la federación en 1974: visto desde su conformación, pasando por fragmentaciones, desastres, explotación, una dictadura militar y el espectro de verdes caminos de peregrinaje, ubica incluso la aparición de la literatura quintanarroense en la década de los ochentas. El origen se vive en la memoria de una geografía política y también, en el ámbito literario. El poema “Del Origen” (1987) dice: “El mundo aquí es el principio del mundo, joven aún es esta tierra en que nacimos”.

¿Ha sido la fundación de Quintana Roo a principios del s. XX, la piedra permanente de esta sociedad, que corre el riesgo de ser un modelo para armar y desarmar? ¿Qué pasa si por una cuestión fuera de nuestras manos, como lo puede ser un huracán —el agua como elemento primigenio y cultivo del caos— se vuelve a comer la ciudad, las manecillas del reloj que sellan las fichas de trabajo o las rejas que cuidan los jardines de niños? ¿Qué pasa si la ola barre con los invasores? ¿Volveremos al origen? ¿Nos recrearemos una vez más?

Si la respuesta es positiva, Argüelles nos ha dejado una propuesta de valores en Merecimiento del alba (1987) para volver a comenzar. El canto, el trabajo, la libertad, la felicidad, el sueño, el asueto y mi favorito: el amanecer.

 “Con piedras y maderas hago mi casa bajo el sol, la visto de ventanas para que el sol entre a habitarla” (“De los trabajos”, 1987). Lo habita el sol, las gaviotas, aviones y avioncitos. Esta invención de mundo la construyen todos los hombres: “El hombre que lo sueña, pone una piedra y lo transforma” (“De los sueños”, 1987).

III.

“(El hombre) cree su historia y se levanta para ver erigido su universo” (De los sueños, 1987). Ese día, la maleta de latón azul se convirtió en una madeja que Nancy se dedicó a deshebrar. Sostiene entre sus dedos una tarjeta de cartón azul, con letras en tinta del mismo color:

[ÉRAMOS EL FUTURO]

Aprendí de mis pestañas-antenas, de los robos, las farsas y los besos de todos mis hombres. De los vacíos y mis días en cama, de mis expediciones al espacio y mi puntual automedicación.

Aprendí de mis miedos y los discursos de mis viejos, del optimismo falso y las postales de océanos sombríos. De las riquezas verdaderas y los barcos perdidos, del egoísmo, la náusea, el hambre y mi depresión.

Aprendimos vagabundos a aceptar nuestro destierro, a refugiarnos en una coraza nueva según lo dictaminara cada ciclo, que la tristeza era una metáfora de Dioniso en un cine de permanencia voluntaria y que soñar con el futuro era solo un acto compulsivo que justificaría el fracaso de nuestra generación. 

—Alexis Tortsov

José María despierta y mira a Nancy sentada con las piernas cruzadas frente a la maleta. Ella siente su mirada, le pasa la tarjeta y dice: —Alexis Tortsov y yo a los veintitantos, nos ocupamos en desarmar lo que nos parecía una herencia del centro del mundo. Recuerdo que llegamos del Distrito Federal y Veracruz casi al mismo tiempo. Nuestras familias apostaron las últimas energías del cuerpo en números. Pero los que idearon este plan, este proyecto en préstamo al petén, trazaron un sistema donde la casa se lleva las de ganar.

BIBLIOGRAFÍA

Quintana Roo, una literatura sin pasado. Selección, compilación y notas de Domingo Arguelles. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México, 1990.

Argüelles, Domingo. Todas las aguas del relámpago (poesía reunida, 1982-2002) Ed. UNAM, Programa Editorial de la Coordinación de Humanidades Colección: Poemas y Ensayos. México, 2004.

Eliade, Mircea. 1998 Lo Sagrado y lo profano. Barcelona. Paidós. (p-13-85)

Fragmentos de “Amorexia” son publicados en una nota de Facebook de Andrés Mendoza con fecha del 16 de Agosto del 2011 (fecha de consulta: 07 de junio de 2014).

“Éramos el futuro” es un texto publicado en la página de tumblr: http://glorytimes.tumblr.com/post/79250616144 por Gabriela Alexis Tobanche (fecha de consulta: 07 de junio de 2014).

[ÉRAMOS EL FUTURO]

midnight in a perfect world.

DADUB / ELECTRONC EXPLORATIONS

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TRACKLIST:
01 - øe - Hatsuyuki / D Quant (Murmur Records)
02 - Kode9 - Sine [Hyperdub]
03 - Kode9 - 9 samurai [Hyperdub]
04 - Dadub - Mechanics Of Growth [Aquietbump]
05 - Jahcoozi - Watching You (Deadbeat Stalker Dub) [BPitch Control]
06 - Alva Noto - Uni Acronym feat. Anne-James Chaton [Raster Noton]
07 - Area Forty One - C.N.T.C.T. [Ann Aimee]
08 - Mokira - Time Track (Silent Servant Remix) [Kontra Music]
09 - Surgeon - Muggerscum Out (Perc Remix) [Soma]
10 - Cyclo. - id#01 [Raster Noton]
11 - Gold Rush [Ostgut Ton]
12 - Female - Untitled (Regis Mix) [Sandwell District]
13 - Plaster - Double Conncection (Dadub Remix) [Kvitnu]
14 - Dadub - Beyond Ben Klock The Veil [Stroboscopic Artefacts]
15 - Andy Stott - New Ground [Modern Love]
16 - Dadub - Perseverance [Stroboscopic Artefacts]
17 - Dadub - Hadean [Stroboscopic Artefacts]
18 - Regis - Blinding Horses [Blackest Ever Black]
19 - Kevin Gorman - Caracole (Lucy Remix) [Mikrowave]
20 - Regis - Blood Witness [Blackest Ever Black]
21 - Planetary Assault System - Rip The Cut [Ostgut Ton]
22 - Sandwell District - Grey Cut Out [Sandwell District]
23 - Surgeon - Those Who Do Not [Dynamic Tension]
24 - Lucy - Why Don’t You Change [Stroboscopic Artefacts]
25 - øe - Charm (Extract From Krake Festival2011) [Unreleased]

Quítense las máscaras, vamos a bailar.

Quítense las máscaras, vamos a bailar.