[ÉRAMOS EL FUTURO]
Aprendí de mis pestañas-antenas, de los robos, las farsas y los besos de todos mis hombres. De los vacíos y mis días en cama, de mis expediciones al espacio y mi puntual automedicación. 
Aprendí de mis miedos y los discursos de mis viejos, del optimismo falso y las postales de océanos sombríos. De las riquezas verdaderas y los barcos perdidos, del egoísmo, la náusea, el hambre y mi depresión.

Aprendimos vagabundos a aceptar nuestro destierro, a refugiarnos en una coraza nueva según lo dictaminara cada ciclo, que la tristeza era una metáfora de Dioniso en un cine de permanencia voluntaria y que soñar con el futuro era solo un acto compulsivo que justificaría el fracaso de nuestra generación.
Foto: Zulu Padilla

[ÉRAMOS EL FUTURO]

Aprendí de mis pestañas-antenas, de los robos, las farsas y los besos de todos mis hombres. De los vacíos y mis días en cama, de mis expediciones al espacio y mi puntual automedicación.

Aprendí de mis miedos y los discursos de mis viejos, del optimismo falso y las postales de océanos sombríos. De las riquezas verdaderas y los barcos perdidos, del egoísmo, la náusea, el hambre y mi depresión.

Aprendimos vagabundos a aceptar nuestro destierro, a refugiarnos en una coraza nueva según lo dictaminara cada ciclo, que la tristeza era una metáfora de Dioniso en un cine de permanencia voluntaria y que soñar con el futuro era solo un acto compulsivo que justificaría el fracaso de nuestra generación.

Foto: Zulu Padilla

[ÉRAMOS EL FUTURO]

Además de mí, ¿cuántos ciegos crees que duerman en estos cerros?

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Yo le ofrecí mi ayuda en el transbordo de Balderas a Indios Verdes cuando chocó su bastón con un señor que en lugar de ayudarla se hizo para atrás con un gesto de desagrado. 

Le tendí mi brazo izquierdo y Ricardo se entrelazó de mi derecho, entonces íbamos los tres como una cadena fuerte, caminando por el túnel sin señalización.

Bajamos por la escalera y le indiqué donde estaba el barandal mientras chocaba su bastón en cada uno de los escalones porque tú sabes que en la oscuridad, el tiempo se mide a golpes.

Así nos acercamos a la vía y finalmente tocó esa desgastada guía en el suelo que delimita la caída de los viajantes:

Aquí estamos, le dije.

Nos dio las gracias con una sonrisa y se despidió de nosotros.

Me puse el brazo de Ricardo sobre los hombros y deseé con todas mis fuerzas que llegara con bien a su casa, menos mal que mi guía me acompañaría hasta la mía. 

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[DÍA DE LA BANDERA]

Para que no se te olvide quien es tu presidente.

*9 de mayo de 2006
Memorias de una infamia Atenco no se olvida.

*jueves 11 de mayo de 2006.
Un policía estatal fue quien asesinó al menor en Atenco.

*26 de mayo de 2012
Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra: luchando por la vida.

San Pedro, mayo 28/1902

Los espíritus que aquí son felices, son los que en ese mundo no encontraban nada que les llamara mucho la atención, que despreciaban todas las exigencias ridículas de la moda y de las costumbres y que su mayor goce consistía en elevar su espíritu a Dios y en practicar la caridad. Esas personas gozan más en la cabecera de un enfermo que en cualquiera de sus diversiones. Esas personas serán las mismas que sean felices en este mundo. Los que al contrario se preocupan más de su bienestar material que de sentimientos altruistas y nobles, ésos sufrirán en este mundo del aislamiento, pues así como ellos no se compadecieron de sus hermanos que sufrían, no encontrarán aquí en este mundo quien se compadezca de ellos, pues hasta las personas que los quieren y desearían endulzar sus penas no les es permitido hacerlo.

Jesús María Galicia.

Visto en: Los diarios espiritistas de Francisco I. Madero, Letras Libres, Febrero 1999.

Jesusa.

Jesusa.